Estrecho de Ormuz: el crudo cae de 20 a 6-8 millones de barriles
Los exportadores del Golfo buscan salidas alternativas y los importadores asiáticos pagan más: la factura energética mundial subió 330.000 millones de dólares en seis meses
Foto: Bernard Lee · CC0 · via Wikimedia Commons
Antes de los primeros ataques de EE UU e Israel contra Irán, por el estrecho de Ormuz pasaban cerca de 20 millones de barriles diarios de crudo. Ahora se estiman entre 6 y 8 millones, según el análisis de Irina Slav publicado en Oilprice. Brent y WTI cotizan por encima de 90 dólares el barril y las rutas de exportación se están redibujando.
Gratis, en esta webCalcula cuántas acciones caben en tu riesgoQué ha pasado
El estrecho de Ormuz —el paso marítimo entre Irán y Omán por el que sale el petróleo del Golfo— ha dejado de funcionar como funcionaba. Según el artículo de Irina Slav publicado en Oilprice, antes de los primeros ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán por ahí circulaban cerca de 20 millones de barriles diarios de crudo exportado por los países del Golfo. Ahora el flujo diario se estima entre 6 y 8 millones de barriles.
Con el gas natural licuado (GNL) la situación es peor. Qatar, el mayor productor de la zona, ha declarado fuerza mayor —la cláusula contractual que permite no cumplir una entrega por un suceso imprevisible y ajeno a la empresa— después de los daños en su terminal de Ras Laffan, en la respuesta iraní a los ataques estadounidenses.
La consecuencia visible en pantalla: Oilprice señala que tanto el Brent (la referencia europea) como el West Texas Intermediate (la estadounidense) cotizan por encima de 90 dólares el barril, y que el crudo encadenaba otra subida semanal.
Por qué: cada exportador busca su puerta de atrás
Lo interesante no es solo el precio, es la geografía. Quien tiene una ruta alternativa a Ormuz la está usando; quien no la tiene, la está planificando.
Arabia Saudí ha invertido el sentido de su oleoducto Este-Oeste: en lugar de llevar el crudo hacia el este y Ormuz, lo lleva hacia el oeste, al puerto de Yanbu, en el mar Rojo, desde donde sale por el estrecho de Bab el-Mandeb, al otro lado de la península arábiga. El problema, según el mismo análisis, es de capacidad: Yanbu no puede mover tanto petróleo como los puertos del golfo Pérsico.
Los Emiratos han desviado sus flujos al puerto de Fujairah, que está fuera del estrecho y por tanto menos expuesto a ataques. También ahí se han topado con el límite de capacidad. ADNOC, la petrolera estatal emiratí, planea duplicar la capacidad del oleoducto que lleva el crudo hasta Fujairah, pero según los planes oficiales eso no estará listo hasta el año que viene como mínimo.
Esa es la clave del asunto: las rutas alternativas existen, pero tardan en construirse. Oilprice apunta que Ormuz podría perder peso a largo plazo, y que a corto plazo no lo perderá precisamente porque las alternativas todavía no están.
Qué significa si tienes dinero invertido
Hay dos cifras que ponen número al coste de todo esto.
La primera es global. Según datos de CREA, un centro de análisis sobre clima con sede en Finlandia citado por Oilprice, la factura mundial de importación de energía creció 330.000 millones de dólares en los seis meses que van de marzo a agosto respecto a lo que se esperaba que fuera. Es decir: no es lo que se ha gastado, es el sobrecoste sobre la previsión.
La segunda es de un país concreto. Japón dependía de Oriente Medio para casi todas sus importaciones de crudo. Tras el inicio de la guerra, su gobierno buscó proveedores alternativos: Estados Unidos, Canadá, productores africanos y Azerbaiyán. El precio de esa diversificación fue una factura de importación récord de 76.390 millones de dólares en julio, que según el artículo probablemente se supere con la de agosto.
El mecanismo que explica ambas cifras es simple y poco glamuroso: cuando compras el crudo más lejos, el barco tarda más, y ese tiempo se paga. La geografía que hacía baratos los suministros de Oriente Medio a Asia ya no está disponible.
Europa está en una posición parecida, según el mismo análisis, agravada por las sanciones de la UE al petróleo y el gas rusos. China e India, en cambio, han aumentado sus compras de crudo ruso para sustituir parte del de Oriente Medio.
Un detalle que conviene retener sobre cómo se comporta el precio: Oilprice sostiene que, aunque el crudo baje en las próximas semanas, podría no bajar tanto como lo hizo hace tres meses ante un mensaje en redes sociales del presidente Trump. Eso es una lectura de la autora, no un dato: la interpretación es que un cambio estructural de rutas pesa más que el ruido político diario. No es una previsión de precio y no debe leerse como tal.
Qué no se sabe
No se sabe cuánto va a durar la interrupción de Ormuz, y de eso depende todo lo demás: el propio artículo reconoce que la transformación del mercado solo se completaría si la disrupción se prolonga.
Tampoco se sabe cuándo estará operativa la ampliación del oleoducto de ADNOC más allá de ese "al menos el año que viene" de los planes oficiales, ni cuánta capacidad extra aportarán Yanbu y Fujairah juntos: el material habla de límites, no de cifras.
No hay dato del nivel exacto de Brent y WTI, solo que superan los 90 dólares. Y no hay cifra de la factura japonesa de agosto: en el momento del artículo era una expectativa, no un número publicado.
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