Estados Unidos reabre bases militares en Groenlandia por la tensión
El acuerdo con Dinamarca reactiva la presencia en el flanco norte tras la presión de Trump.
Foto: European Space Agency · CC BY-SA 3.0 igo · via Wikimedia Commons
Washington firmará este martes un pacto para abrir dos bases en Narsarsuaq y Mestersvig. El despliegue llega tras meses de tensión diplomática y busca reforzar la supervisión de la OTAN en el Ártico. Para el inversor, el movimiento redefine el mapa de riesgo geopolítico en una región rica en recursos estratégicos.
Gratis, en esta webCalcula cuántas acciones caben en tu riesgoEl regreso de la presencia militar al Ártico
Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia firman este martes en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, un pacto para restablecer la presencia militar estadounidense en la isla ártica. El acuerdo contempla la apertura de dos nuevas bases militares. Una de ellas recuperará una antigua instalación de la Guerra Fría en Narsarsuaq, en el sur de la isla. La otra se construirá en la costa este, en Mestersvig, un puesto avanzado que actualmente utiliza la Patrulla de Trineos Sirius, una unidad de élite de las fuerzas especiales danesas.
Este movimiento supone un giro en la política de defensa de la región. Durante la Guerra Fría, el ejército estadounidense llegó a mantener 17 instalaciones militares en territorio groenlandés, con un despliegue que superaba los 10.000 efectivos. Sin embargo, tras décadas de repliegue, esa presencia se había reducido al mínimo. En la actualidad, la única instalación operativa de Washington en la isla es la base espacial de Pituffik, donde apenas quedan destinados unos 150 militares estadounidenses.
Tensiones diplomáticas y el factor Trump
La reactivación de estas bases no es casual. Responde a un periodo de fuertes tensiones diplomáticas desencadenadas por la presión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El mandatario ha insistido en diversas ocasiones en su voluntad de que su país controle Groenlandia, un territorio semiautónomo —es decir, que cuenta con autogobierno para sus asuntos internos pero depende de Dinamarca para la defensa y las relaciones exteriores—. Trump llegó a plantear el uso de medidas de presión económica o militar para adquirir la isla, unas declaraciones que alcanzaron su punto álgido en enero.
Estas amenazas provocaron una crisis diplomática en el seno de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y obligaron a Copenhague y a Nuuk a sentarse a negociar con Washington. El objetivo del pacto es calmar las aguas. Para Dinamarca, el acuerdo permite que la seguridad del Ártico quede bajo la supervisión colectiva de la OTAN, en lugar de ser un asunto gestionado exclusivamente de forma bilateral entre Copenhague y Washington. Con todo, la idea de un mayor control estadounidense no cuenta con el respaldo de la población local: las encuestas muestran un rechazo abrumador por parte de los groenlandeses.
Qué implica para los inversores
El control del Ártico es un factor clave en la geopolítica de las materias primas y las rutas comerciales globales. La apertura de bases militares en Groenlandia asegura la vigilancia de un territorio que alberga importantes reservas de minerales estratégicos y tierras raras, esenciales para la transición energética y la tecnología.
Para un inversor particular, este tipo de movimientos no genera un impacto inmediato en el día a día de las bolsas, pero sí reconfigura el mapa de riesgo geopolítico. En anteriores ocasiones, la militarización de zonas de paso marítimo y de extracción de recursos tiende a encarecer los costes de aseguramiento de las operaciones en la región. Además, la consolidación de la presencia de la OTAN en el extremo norte del planeta consolida la división de bloques frente a Rusia y China, que también tienen intereses comerciales y militares en las rutas del deshielo ártico.
Lo que falta por saber
Aunque la firma del acuerdo se produce este martes, el texto oficial todavía no se ha hecho público. Tres fuentes conocedoras de las negociaciones, que hablaron bajo condición de anonimato, señalan que los detalles específicos de la construcción y el despliegue no se concretarán hasta después de la rúbrica. Queda por ver cuál será el presupuesto definitivo que aportará Washington para rehabilitar las instalaciones de Narsarsuaq, cuya población civil se ha reducido a unas pocas decenas de personas desde que los militares estadounidenses abandonaron la antigua base de Bluie West One en la década de los cincuenta. También falta por conocer el calendario exacto de las obras de la nueva base de Mestersvig y cómo afectará el despliegue permanente de tropas a las relaciones comerciales de Dinamarca con sus socios europeos.
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