OpenAI frena su crecimiento de ventas y reaviva dudas sobre la IA
La desaceleración de la creadora de ChatGPT genera incertidumbre sobre la rentabilidad real del sector tecnológico.
Foto: Diego Delso · CC BY-SA 4.0 · via Wikimedia Commons
La ralentización en los ingresos de OpenAI ha encendido las alarmas en el sector tecnológico. Aunque el desarrollo de la inteligencia artificial sigue sumando inversión, este frenazo plantea dudas sobre la velocidad de su monetización. Para el inversor particular, este revés invita a vigilar de cerca la valoración de las compañías del sector.
Gratis, en esta webCalcula cuántas acciones caben en tu riesgoLa inteligencia artificial ha sido el principal motor de las bolsas en los últimos tiempos, pero los primeros síntomas de fatiga empiezan a ser visibles. OpenAI, la compañía detrás de desarrollos como ChatGPT y considerada el estandarte de este movimiento, ha registrado un crecimiento de ventas inferior a lo que esperaban sus inversores. Esta ralentización, conocida en la jerga financiera como una sorpresa negativa de ingresos (cuando la facturación real se queda por debajo de las estimaciones previas), ha introducido dudas sobre la velocidad real a la que se está adoptando esta tecnología en el tejido empresarial.
Para un inversor particular que gestiona su propia cartera, este acontecimiento no es un asunto menor. Aunque OpenAI sigue siendo una compañía privada y, por tanto, no cotiza directamente en el mercado de valores, sus resultados actúan como un termómetro para todo el sector tecnológico. Gran parte de las subidas recientes en índices de referencia como el Nasdaq (el principal índice de empresas tecnológicas de Estados Unidos) se apoyan en la premisa de que la inteligencia artificial generará retornos inmediatos y masivos. Si el líder indiscutible del sector muestra que el camino no es tan rápido, las elevadas valoraciones de otras compañías cotizadas que dependen de esta misma narrativa podrían verse cuestionadas.
Hasta ahora, los grandes beneficiados de la oleada tecnológica han sido los fabricantes de componentes físicos, como microchips y servidores. Sin embargo, para que esa infraestructura sea sostenible a largo plazo, las empresas que desarrollan aplicaciones y programas (el software) deben demostrar que los usuarios finales están dispuestos a pagar suscripciones recurrentes por sus servicios. La ralentización en el crecimiento de las ventas de OpenAI sugiere que la transición desde la fase de experimentación técnica hasta la fase de monetización comercial (el proceso de convertir la tecnología en ingresos recurrentes y estables) podría requerir más tiempo del previsto.
Históricamente, los grandes ciclos tecnológicos suelen seguir un patrón similar. En anteriores ocasiones, como ocurrió con el desarrollo de la infraestructura de internet a finales del siglo pasado, se produjo un desajuste temporal entre el dinero invertido en crear la red y los ingresos reales que las empresas de servicios digitales fueron capaces de extraer de ella. Los analistas del sector señalan que este tipo de ajustes no anula el potencial de la tecnología a largo plazo, pero sí suele provocar una corrección en las expectativas de los inversores a corto plazo, lo que suele traducirse en una mayor volatilidad en las cotizaciones de las empresas del sector.
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