ECONOMIA

El pulso arancelario entre Washington y Pekín encalla en las tierras raras

Estados Unidos exige cumplir el acuerdo de Busán mientras China condiciona sus compras agrícolas a una rebaja fiscal

7 de noviembre de 2026 8 min de lectura 2 fuentes #aranceles#tierras raras#comercio internacional#eeuu

Foto: Achim Lammerts (Syntaxys) · CC BY-SA 4.0 · via Wikimedia Commons

La reactivación de los compromisos de comercio entre Estados Unidos y China afronta tensiones tras las demandas de Washington sobre materias primas críticas. Pekín frena la adquisición de productos agrarios de 17.000 millones de dólares hasta que se ejecute la reducción arancelaria pactada.

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El secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, y el representante de Comercio, Jamieson Greer, se han reunido con el viceprimer ministro chino, He Lifeng, para exigir a Pekín que cumpla de forma inmediata con los compromisos adquiridos en el acuerdo comercial de Busán. El Gobierno estadounidense ha expresado su preocupación por el hecho de que China no está cumpliendo con sus obligaciones de incrementar el suministro de tierras raras y otros productos críticos. Por su parte, el Ministerio de Comercio de China, a través de su portavoz Huang Ling, ha condicionado la compra de más productos agrícolas estadounidenses a que Washington aplique de forma efectiva la reducción arancelaria recíproca de 30.000 millones de dólares por cada parte. Esta exigencia frena las negociaciones tras la propuesta de la Casa Blanca de recortar 60.000 millones de dólares en aranceles, que incluía compras agrícolas por valor de 17.000 millones de dólares.

El origen de las tensiones: de los aranceles de castigo a Busán

Para entender la importancia de este desencuentro, es necesario mirar atrás. Las relaciones comerciales entre las dos mayores economías del mundo entraron en una fase de conflicto directo durante el primer mandato de Donald Trump, caracterizado por la imposición de aranceles de ida y vuelta. Un arancel es, sencillamente, un impuesto indirecto que grava los bienes importados para encarecerlos frente a la producción nacional. Lo que empezó como una medida de protección de ciertos sectores en Estados Unidos acabó provocando una espiral de represalias por parte de Pekín, que respondió aplicando sus propios impuestos a los productos estadounidenses, especialmente a los agrícolas como la soja.

Este escenario de hostilidad arancelaria perjudicó los márgenes de beneficio de las empresas multinacionales y alteró las cadenas de suministro globales. Para frenar esta deriva, el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, alcanzaron en septiembre un principio de acuerdo en la ciudad de Busán. El objetivo del pacto de Busán era rebajar de forma progresiva las barreras aduaneras y levantar las restricciones tecnológicas bilaterales para rebajar la tensión acumulada.

Sin embargo, la puesta en marcha de estos acuerdos es compleja. El pacto establecía un calendario detallado de compromisos mutuos. Entre ellos, el compromiso adquirido por Pekín en mayo de comprar de manera anual 17.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses a partir del año 2026, ajustando el objetivo de este año de forma prorrateada. El término prorrateado significa que se calcula la parte proporcional del total correspondiente al tiempo que efectivamente queda de año. Estas compras se sumaban a los compromisos ya firmados en octubre del año anterior para adquirir soja estadounidense. A cambio, Estados Unidos debía aliviar la presión fiscal sobre las importaciones chinas.

El engranaje del conflicto: tierras raras frente a cosechas

Detrás de las declaraciones políticas existe un mecanismo económico muy claro que explica por qué ambas potencias utilizan estos sectores como herramientas de presión.

Por un lado, están las tierras raras. Las tierras raras son un grupo de elementos químicos esenciales para la fabricación de productos tecnológicos de alta gama, desde los imanes de los motores de los vehículos eléctricos y los componentes de aerogeneradores hasta los dispositivos de defensa y los teléfonos móviles. Aunque estos minerales no son extremadamente escasos en la corteza terrestre, su extracción y, sobre todo, su procesamiento son procesos complejos, costosos y altamente contaminantes. China controla la gran mayoría de la capacidad de procesamiento de tierras raras del planeta. Para Estados Unidos, el acceso a estos materiales es una cuestión de seguridad nacional y competitividad industrial. Cuando Washington acusa a Pekín de no cumplir con los suministros prometidos, está señalando un cuello de botella que puede paralizar industrias enteras en Occidente.

Por otro lado, se encuentra el sector agrícola estadounidense. Los agricultores y ganaderos de Estados Unidos producen mucho más de lo que el mercado doméstico puede consumir, por lo que dependen críticamente de las exportaciones. China es el mayor comprador de materias primas agrícolas del mundo. Para la Casa Blanca, asegurar contratos de compra a largo plazo por valor de 17.000 millones de dólares anuales es una forma de garantizar la estabilidad de su sector agrario, que además cuenta con un gran peso político en varios estados clave del país.

El mecanismo de negociación, por lo tanto, consiste en un intercambio de recursos de alta tecnología por recursos agrícolas básicos: el acceso estadounidense a las tierras raras chinas a cambio del acceso chino al mercado agrícola estadounidense y la reducción de los aranceles que penalizan a sus manufacturas industriales. Cuando una de las partes frena su compromiso, todo el engranaje se detiene. China argumenta que no reactivará las compras agrícolas si no se ejecuta el recorte recíproco de 30.000 millones de dólares en aranceles. Estados Unidos replica que no puede avanzar en la rebaja arancelaria si Pekín restringe el flujo de los minerales críticos que necesitan sus fábricas.

Datos clave del acuerdo comercial

  • 30.000 millones por 30.000 millones de dólares: El esquema de reducción recíproca de aranceles que China exige cumplir para expandir sus compras de productos agrícolas.
  • 17.000 millones de dólares: La cantidad anual en compras de productos agrícolas estadounidenses que Pekín se comprometió a realizar a partir del año 2026.
  • 60.000 millones de dólares: El recorte arancelario global que la Casa Blanca propuso formalmente en la reunión de septiembre, dentro de la cual se integraban los 17.000 millones en compras agrícolas.
  • Octubre del año anterior: Fecha en la que China y Estados Unidos cerraron el acuerdo previo específico para la compra de soja estadounidense.
  • Mayo: Mes en el que la Casa Blanca anunció el compromiso de compras agrícolas anuales a partir del año 2026 con un ajuste prorrateado para el año en curso.

Qué significa esto para las empresas y los inversores particulares

Para el inversor particular que gestiona su propia cartera de inversión, este pulso comercial tiene implicaciones muy directas en varios sectores de la renta variable.

En primer lugar, las empresas tecnológicas y de automoción son las más expuestas a la disputa por las tierras raras. Si el suministro de estos materiales se interrumpe o se encarece debido al mantenimiento de las restricciones comerciales, las compañías que fabrican semiconductores, baterías para coches eléctricos o dispositivos electrónicos verán aumentar sus costes de producción. Históricamente, este tipo de tensiones suele traducirse en una contracción de los márgenes de beneficio de estas empresas y, en consecuencia, en una corrección de sus valoraciones en los mercados de valores.

En segundo lugar, las empresas del sector agrícola y de maquinaria pesada para el campo en Estados Unidos están directamente vinculadas al volumen de exportaciones hacia China. El anuncio de que Pekín está abierto a comprar más materias primas agrícolas si se reducen los aranceles es un factor positivo para las cotizaciones de estas corporaciones, pero la falta de concreción actual introduce volatilidad. El inversor debe vigilar cómo se resuelven estas conversaciones, ya que influyen de manera notable en el precio de materias primas agrícolas como la soja o el maíz.

Por último, la resolución o el enconamiento de esta disputa comercial afecta al sentimiento general del mercado. Las guerras de aranceles suelen provocar un aumento de la inflación global, ya que las empresas trasladan el coste de los impuestos de importación al consumidor final. Un entorno de inflación persistente dificulta la senda de bajada de tipos de interés por parte de los bancos centrales, lo que suele presionar a la baja la renta variable y la renta fija.

Escenarios posibles y de qué depende cada uno

El desarrollo de los acontecimientos durante los próximos meses podría dividirse en tres escenarios principales:

El primer escenario es el de la resolución cooperativa. En este caso, Pekín cede a la presión estadounidense liberando el suministro de tierras raras, y Washington responde aplicando el esquema de reducción arancelaria de 30.000 millones por 30.000 millones. Este desenlace favorecería un rebote de las cotizaciones de las empresas tecnológicas y agrícolas, al disiparse el temor a un nuevo colapso en las cadenas de suministro globales.

El segundo escenario es el de bloqueo prolongado. Ninguna de las dos administraciones acepta dar el primer paso: Estados Unidos mantiene los aranceles por la falta de avances en las materias primas críticas, y China congela las compras de soja y otros productos agrícolas por valor de 17.000 millones de dólares. Este escenario mantendría la volatilidad alta en los mercados y obligaría a las empresas tecnológicas occidentales a buscar alternativas costosas fuera de China para abastecerse de tierras raras.

El tercer escenario contempla una escalada del conflicto. Si las reuniones bilaterales fracasan por completo, el Gobierno estadounidense podría retirar su propuesta de recorte de 60.000 millones de dólares e imponer nuevos aranceles punitivos. Como respuesta, China podría restringir aún más las exportaciones de metales críticos. Este escenario reactivaría la guerra comercial de años anteriores, incrementando los costes de producción a nivel global y perjudicando el crecimiento económico internacional.

Lo que falta por saber

El avance real de estas negociaciones se medirá en los próximos meses a través de los datos de comercio exterior. Falta por ver si las cifras oficiales de exportaciones agrícolas estadounidenses reflejan el inicio de las compras prorrateadas correspondientes a este año. Asimismo, los informes sobre la balanza comercial de China confirmarán si Pekín desbloquea el envío de tierras raras hacia los puertos estadounidenses de acuerdo con los términos pactados en Busán.

De dónde sale esto

  1. US urges China to honour Busan trade deal commitmentsaljazeera-todo
  2. US warns China it must ‘immediately’ meet terms of Busan trade dealft-mercados

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