BBVA y Sabadell un año tras la opa: la brecha en bolsa del 40% al 4%
La capitalización de BBVA sube un 39,9% en doce meses mientras la de Banco Sabadell avanza un 4,3% con las fusiones paralizadas.
Foto: Basile Morin · CC BY-SA 4.0 · via Wikimedia Commons
Doce meses después de fracasar la oferta pública de adquisición (OPA) sobre Banco Sabadell, BBVA acumula un repunte en bolsa del 39,9%. En ese mismo periodo, la entidad catalana ha avanzado un 4,3%. El rechazo directivo, la postura del Gobierno y los resultados actuales han dejado en pausa las fusiones bancarias en España.
Gratis, en esta webCalcula cuántas acciones caben en tu riesgoUn año después de que no saliera adelante la oferta pública de adquisición (OPA) de BBVA sobre Banco Sabadell, el comportamiento de ambas entidades en los mercados refleja dos trayectorias muy dispares. Una OPA es una propuesta formal de compra dirigida a todos los accionistas de una empresa cotizada para hacerse con su control. Al cumplirse doce meses desde que decayó la operación, la capitalización bursátil de BBVA —el valor total de todas las acciones de la entidad en el mercado— acumula un repunte del 39,9%, lo que supone rozar un 40% de incremento. En ese mismo espacio de tiempo, el valor de Banco Sabadell en bolsa ha registrado un avance sensiblemente menor, de apenas un 4,3%.
Esta diferencia de rendimiento llega tras un episodio que alteró durante meses la cotización de los dos bancos y que terminó encallando por varios frentes. La concentración bancaria en España, que durante años redujo el número de entidades operativas en el país mediante absorciones sucesivas, ha quedado congelada tras el desenlace de esta tentativa.
Las razones que frenaron la integración
El bloqueo de la operación no respondió a una única causa, sino a la coincidencia de varios factores institucionales y de negocio. Por un lado, la cúpula de Banco Sabadell rechazó frontalmente la propuesta de integración, defendiendo su capacidad de generar valor en solitario y considerando que la oferta no reflejaba el potencial real del banco. Por otro lado, la posición del Gobierno español resultó determinante al manifestar su disconformidad con un proceso que habría aumentado la concentración del crédito y los depósitos en menos manos.
A estos elementos se sumó el momento operativo por el que atraviesa el sector. Cuando los bancos registran márgenes sólidos y beneficios holgados, el incentivo de los consejos de administración para asumir los costes, despidos y riesgos operativos que conlleva una fusión disminuye de forma drástica. Con balances saneados y rentabilidades al alza, defender la independencia resulta mucho más sencillo ante los accionistas que en épocas de tipos en mínimos o pérdidas crediticias.
La digestión en el mercado tras la oferta fallida
En los procesos de absorción corporativa suele darse un patrón habitual en bolsa. Mientras la oferta está sobre la mesa, la entidad que pretende comprar suele sufrir caídas o estancamiento por la incertidumbre del desembolso o la emisión de nuevas acciones. Al mismo tiempo, las acciones del banco objetivo suelen subir impulsadas por el precio o la prima ofertada.
Una vez descartada la operación, el mercado recalculó el valor de cada compañía por separado. BBVA recuperó tracción en el parqué al despejarse las dudas sobre la ejecución de la compra y la dilución de sus títulos, acumulando un avance del 39,9%. Por su parte, Banco Sabadell, que ya había recogido gran parte del interés inversor durante las semanas de especulación, continuó cotizando sin el catalizador de una prima de compra, lo que explica que su avance en el periodo anual se haya limitado a un 4,3%.
Qué implica este escenario para el inversor particular
Para quien invierte por su cuenta en acciones bancarias o a través de fondos y fondos cotizados (ETFs) centrados en el parqué español, este balance deja varias conclusiones prácticas. Las operaciones corporativas frustradas no implican necesariamente un castigo prolongado para el comprador; al contrario, la eliminación del riesgo de integración suele ser bien recibida por el mercado institucional.
Asimismo, el hecho de que las fusiones entre grandes bancos españoles se hayan detenido aleja la expectativa de obtener primas rápidas mediante compras forzosas. La cotización de las entidades vuelve a depender exclusivamente de su capacidad para generar negocio ordinario, controlar la mora de los préstamos y gestionar sus dividendos.
Lo que queda por confirmar
El mapa bancario español continúa estable por el momento, pero falta comprobar cómo responderán ambas entidades si el ciclo de beneficios del sector empieza a enfriarse en los próximos trimestres. Queda por ver si el buen momento de la banca se prolongará lo suficiente como para mantener cerradas las opciones de concentración, o si la presión sobre los márgenes obligará a las cúpulas directivas a replantearse alianzas a medio plazo.
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